
La caléndula es una planta que ha estado presente en los hogares de todo el mundo. Su fama se remonta a la noche de los tiempos, no solo por sus cualidades curativas, sino también por sus cualidades culinarias y estéticas.
Esta planta silvestre puede variar de paleta de colores, desde un amarillo chillón hasta un naranja calabaza. Su amplia tonalidad hace que sea perfecta para poder decorar multitud de platos, ya que te ofrece multitud de posibilidades.
Su flor se puede comer tanto fresca como seca, variando su sabor y olor. Cuando se consume fresca su sabor es un poco amargo y es perfecta para consumir en ensaladas y pescados. En repostería se suele utilizar para equilibrar el dulzor de los platos. Cuando se consume seca su sabor cambia y su olor recuerda mucho a la miel, por lo que es ideal para infusiones y como condimento para multitud de platos tanto dulces como salados.
¿Qué parte se consume? Únicamente los pétalos, ya que el resto de la planta no tiene un sabor muy agradable para llevártelo a la boca, aunque, excepcionalmente se puede usar en su totalidad para infusiones.
Otra de las propiedades de esta flor es la de pigmentar, por lo que, en ocasiones, se sustituye por el azafrán e incluso por la cúrcuma, siendo un colorante alimenticio natural excepcional.
Tiene multitud de usos medicinales y es perfecta para curar afecciones cutáneas, ya que acelera el proceso de cicatrización de la piel tanto en heridas como en golpes. Por tanto, esta planta mediterránea es un verdadero tesoro por estas y otras muchísimas razones.
